PURA OXITOCINA.

      Tiempo sin escribir...,
pero con las pilas cargadas aprovechando que se acerca el día de la madre.



      Aunque en partes lo explico en la primera entrada del blog, me gustaría comentar que éste es un blog de tipo personal, si bien la influencia de lo científico es evidente. Me gusta manejar información cercana, ejemplos de fácil comprensión, experiencias en las que todos podamos encontrar un lugar. Cada entrada desvela un misterio. Pero no se podría resolver de otro modo que no sea desde el ámbito personal más cercano. Vivenciando desde el recuerdo o desde la asimilación mediante los ejemplos de la vida cotidiana. No siempre estos ejemplos puedan personificar a todos, pero en este caso, la relación directa con esta escribana ocasional es más que evidente.

      El pasado 14 de abril, vino a este mundo, mi pequeño Lentejito y desde entonces estoy 

Maravillada,
En una nube,
Emocionalmente en estado supremo,
Desbordante de energía,
Feliz como nunca hubiese imaginado,
En consonancia con una línea de vida,
Agradecida,
Con ganas de comenzar un nuevo viaje.



      Y todo esto se lo debo al pequeño, no cabe duda, y a una sustancia que me está pareciendo un néctar de los dioses:

OXITOCINA

      Esto es lo que tienes que saber sobre la hormona de la felicidad.

      Millones de años de evolución nos han convertido en padres amantísimos que protegemos y cuidamos a nuestros hijos en estados de alerta constante. Cuando una mujer amamanta a su hijo recién nacido, la succión natural del bebé crea impulsos nerviosos que van desde el pezón hasta el cerebro de la madre, creando un estado de felicidad. Además, la estimulación del cerebro hace que se fortalezcan los vínculos maternales lo cual estaría relacionado con fenómenos como el fuerte instinto de protección de la madre, el reconocimiento de la voz de los padres por parte del bebé o esa intensa y larga mirada que éstos les ofrecen a sus progenitoras nada más nacer. En relación a la maternidad también se sabe de una pérdida ocasional de la memoria, lo cual estaría relacionado con esa típica expresión de después de parto:

"lo olvidas todo"






      Pero esto sólo es el principio, pues la oxitocina está íntimamente relacionada con el orgasmo, produciéndose durante éste y relacionándose con la sensación de placer del mismo. Por este motivo es llamada la hormona del amor. Además, está relacionada con la fidelidad. Hay estudios que solapan los roles de género en este caso, para demostrar que tanto hombres como mujeres con altos valores de oxitocina en sangre, establecen lazos más fuertes con sus parejas y mantienen relaciones basadas en la monogamia.




      Otro aspecto importante, es el fomento de la autoestima por parte de la sustancia oxitocina, pues está demostrado que provoca cambios en el comportamiento y reduce respuestas sociopatológicas, incrementa la confianza y promueve las relaciones sociales.


      ¿Queréis más?

La oxitocina promueve la empatía.
La oxitocina inhibe el miedo.
Es antiestresante.
Estimula las contracciones uterinas en el parto.
Aumenta la fecundidad (tanto femenina como masculina).
Reduce la sensibilidad al dolor.
Promueve la división celular y por tanto la cicatrización temprana.
... 

       Vamos, que aquello de "la naturaleza es sabia", es un dicho que en este caso se queda corto. La naturaleza es Cum laude.


 


       En este momento tan especial de mi vida siento que todo tiene una armonía distinta, teñida de oxitocina. El dulce bálsamo se encuentra en las relaciones que mantengo con mi FAMILIA. Cabos fuertes amarran sensaciones de protección, de apego, de confianza e intimidad, de amor,...

        Y mi pregunta, desde el desconocimiento de las cuestiones médicas es:

       ¿Qué vino antes, el huevo o la gallina? 

       Es decir, 

       ¿Qué vino antes, la hormona o el sentimiento?
      ¿Quién llegó primero, la oxitocina o el amor?

       En mi caso puedo realizar una elucubración desde la ignorancia, más basada en la óptica personal. 

       Te enamoras y fluye el ciclo. Se descarga como un torrente la oxitocina. Vives momentos que la propagan y generan una autoestima acorde con tu situación, con tus propósitos. Decides, en consonancia con estos hechos, afrontar con ilusión la maternidad y la explosión de la hormona aparece, culminando con el parto, en el que sufres un auténtico colocón que haría que fueses capaz de correr la maratón de Boston en 0,2 minutos. La confluencia de sentimientos es totalmente indescriptible. Y lo recuerdas todo (o más bien, parte), entre la realidad y el sueño. Para pasar ese mono, la oxitocina te viene dada en dosis gracias al nuevo miembro de tu familia, cuando lo alimentas, cuanto te das para que él crezca, se supere. Y así el ciclo se repite una y otra vez. Lo primero, es sentirse a gusto, con uno mismo, con los que te rodean. Lo demás, viene por sí sólo. 

      No todos los ciclos son iguales al que yo he vivido, está claro. Hay quien no necesita enamorarse para ser padre, o quien no necesita dar el pecho a sus hijos para que la sensación de amor que les profese genere la oxitocina de por sí. Pero en todos los casos la sensación es la misma.


Puro amor, pura oxitocina.



video




Hay lugares en el corazón que no descubres hasta que amas a un niño.

Anne Lamott








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