VER MÁS ALLÁ DE LA VENTANA DE LOS DEBERES.


Si ves más allá de la ventana, verás el mundo.


El conocido y reputado (especialmente desde la última y muy recomendable película que narra la historia de su experimento más controvertido, The experiment) psicólogo social, Stanley Milgram, se interesó a finales de la década de los 60 por los experimentos sociales que hacían que nuestros comportamientos se vieran influidos por las masas. Es decir, aquellas experiencias que analizaban, en el entorno más propio y natural del ser humano, huyendo de toda experimentación de laboratorio, las conductas influidas por una supuesta "mayoría". En este sentido, el psicólogo norteamericano creó una situación paradójica en la cual, varios sujetos compinchados miraban hacia un punto fijo en la ciudad de Nueva York. Inicialmente, uno de ellos, el primero, dirigía su atención a una ventana de un edificio en la cual se podía contemplar a uno de los colaboradores de Milgram, que tomaba anotaciones. Pero éste no usaba ninguna prenda de color llamativa ni hacía nada que pudiese llamar la atención de los viandantes. A continuación, se le sumaban más individuos (entre cinco y quince, para ser exactos), que observaban en la misma dirección. De este modo, se pudo observar un fenómeno curioso, según los estudios de Milgram. Un porcentaje muy elevado de los viandantes se paraba cerca de estas personas que observaban con todo detenimiento hacia la nada. Y es más, dirigían la mirada en esta dirección. Incluso aquellos peatones procedentes de las concurridas calles neoyorkinas que no tenían tiempo de parar a ver qué estaba sucediendo, miraban de manera asíncrona a sus pasos, a la ventana mencionada.






Y es que en la vida real, somos tan predecibles como el experimento de Milgram. Tan ridículos y tan gregarios, como comentaba la semana pasada en esta entrada sobre EL CAMBIO EDUCATIVO Y EL EFECTO BANDWAGON. Nos ponen una ventana, llamémosle televisión, moda, red social, lo que sea; y en cuanto una cantidad de personas ridícula se anexiona a su contemplación, allá vamos todos.


Funciona. Al fin y al cabo, tenemos tantos ejemplos a los que aludir. Esa fiebre por el fútbol, esa desmesura en los fanatismos religiosos, esa pérdida de identidad llamada Zara, ese sectarismo bipartidista en la política,... Todas ellas ventanas a las que conviene mirar, mientras otro toma notas. Mientras analiza nuestra conducta y nos ve, unidos en la ignorancia.
Esto mismo ocurre actualmente con la educación. Han abierto una nueva ventana grande y luminosa que pone lo siguiente:

Deberes.
 
Y de inmediato, todos cual rebaño al redil decimos que si deberes sí, deberes no, que si es pedagógico, que si no lo es, que si impiden conciliar, que si unen a las familias, que si son significativos o bien no lo son. Y entre medias, hay un anuncio de Ikea que globaliza todo el conocimiento que necesita un niño de Primaria con temática culinaria y de paso, además de vender unos muebles, te miente sobre conciliación. Y un programa de televisión, totalmente sesgado y parcial que cuando se llama “Malditos deberes”, ya lo dice todo. Y un video viral, de una madre abanderada de una causa a la que siguen y critican a partes iguales. Y en general, una opinión sobre los deberes, por parte de padres, profesores y alumnos, que enfrascados en el polarizado debate no ve la realidad.

 
Aquellos estudiantes de Milgram que miraban con detenimiento hacia aquella ventana sabían lo que miraban, más allá de la propia ventana. No, por el contrario, tenían idea alguna, los viandantes que se unían al momento de la contemplación. Estos últimos, sólo veían una ventana a lo sumo. 

Pues bien, la ventana de los deberes no nos deja ver una realidad educativa devastadora. Un país en el cual la inversión en educación es ínfima, las ratios excesivas, la precariedad y los recortes cada día más perceptibles a nivel resultados, la privatización y externalización educativa en aumento, el recorte de derechos del profesorado avanzando, y el paro juvenil, el incremento del bullying, la incompetencia a la hora de atender (tanto económicamente como a nivel de recursos humanos) las necesidades individuales, etc.



Esa realidad que no sale en los telediarios ni en los programas de actualidad, es esa realidad que se encuentra detrás de la ventana de los deberes. Esa realidad que no quieren que veas, porque es difusa (o así la hacen), porque la han transformado de manera que tú creas que es una responsabilidad del profesorado, no social, o de ellos misma. Porque entre mil ejemplos como el de los deberes, estaría esa vuelta al cole llena de gastos innecesarios hace que el docente se plantee el uso del libro de texto. Y vuelve el debate, con una nueva ventana sobre la metodología. Pero, ¿qué hay detrás? Pues el negocio editorial.

Que no. Que el debate no debe ser, deberes sí, deberes no. El debate debe ser, hasta dónde. Hasta dónde permitir que la educación sea construida, gobernada y manejada por incompetentes. Hasta dónde consentir que esa ventana me ciegue. Hasta dónde me voy a dejar arrastrar por la muchedumbre sin ver la realidad. Hasta dónde voy a permitir que las modas ideológicas dominen mi conocimiento y mi personalidad, mis ideas, mis creencias. 


Ver más allá de la ventana, contemplar el mundo.







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