AUTOSABOTAJE, ESA CAPACIDAD DE APAGAR LOS LOGROS.

Cuando logramos un objetivo, cuando llegamos a esa meta deseada, cuando conseguimos ese trabajoso triunfo; una marea de sensaciones se nos vienen encima. Desde la satisfacción al orgullo, pasando por mares de autoestima, auto reconocimiento y crecimiento personal, de euforia incluso, de bienestar y de paz, según el caso. Pensemos en el atleta que consigue el pódium después de tanto esfuerzo, en el trabajador que consigue la promoción a ese puesto deseado, en el niño que alcanza ese aprobado. No entraré hoy en polémicas sobre si una nota numérica debiera ser un logro memorable, baste con el ejemplo.


Bien. Todos estos casos tienen una piedra angular que cimenta ese logro. El esfuerzo, el sacrificio, la determinación, pero también la creencia firme en la posibilidad de logro. De nada hubiera servido todo el esfuerzo del mundo en el caso de este niño que se enfrenta al examen, sin la autoestima y la creencia de que tiene la posibilidad de conseguirlo, de que es una realidad probable el alcanzar la meta.

Con esto no quiero decir que el esfuerzo y la dedicación no sean importantes a la hora de afrontar las metas que nos propongamos, que les mostremos a los nuestros (ya sean alumnos o hijos, familia); sino que acompañado de una alta dosis de fé en ellos mismos, son infalibles.

Autosabotaje.





El problema lo tenemos, cuando falla la confianza en nosotros mismos. 




El autosabotaje, es la capacidad inconsciente de obstaculizar o poner trabas a la consecución de logros, a través de conductas de oposición irracionales, basadas en el prejuicio personal.

Nos encontramos con niños o alumnos que se autosabotean cuando muestran una oposición a la realización de proyectos personales (esa actividad extraescolar, un hobbie, un trabajo para una determinada asignatura,...), actividades, tareas; pero también del mantenimiento de creencias, ideas o metas. En ocasiones los niños creen estar en una situación de incapacidad a la hora de conseguir determinadas metas, y por consiguiente se ponen excusas a la hora de abordarlas. Pasa del mismo modo con aquel alumnado que no acaba sus tareas a tiempo. En muchas ocasiones, si el niño considera la tarea con dificultad notable, encontrará mil justificaciones para no realizarla por el miedo al fracaso. Sería el típico caso del "es que yo soy", de la pose, del "yo no valgo", así que ya, ni lo intento. ¿Para que sufrir, no?

Del mismo modo, niños excesivamente perfeccionistas, que realizan las tareas con mucho esmero y detalle, pero no en el tiempo requerido, también pueden esconder una actitud de autosabotaje. En este caso, tendríamos el típico caso del que siempre pudo llegar a, pero no lo consiguió. Son niños que además, se autoconvencen a ellos mismos, reconociendo que podrían haberlo logrado, pero no llegaron a acabar la tarea, reto o actividad. No llegaron a alcanzar esa meta para la que estaban preparados. Otra manera de poner excusas.

Autosabotaje y procrastinación.




El propio sabotaje, así mismo, está íntimamente relacionado con la procastinación, hábito de postergar la realización de actividades sustituyéndolas por otras más agradables. En la actualidad, es un término muy en auge y estudiado, que se relaciona en muchas ocasiones con las recompensas a largo plazo. El niño que procastina, deja sus obligaciones (el estudio, las tareas domésticas, sacar a pasear a las mascotas, acudir a las extraescolares, etc.) para dedicarse a actividades más lúdicas o divertidas, que no le suponen un trabajo o exigencia. 

La procastinación no deja de ser un tipo de autosabotaje en muchas ocasiones. Los niños no sólo encuentran en ella una manera de búsqueda hedónica del tiempo libre, sino también el hecho de no afrontar los retos que supongan una dificultad que los pueda dejar en descubierto.

En este caso, el ejemplo lo tenemos muy claro con el trabajo de estudio de los niños. Si visualizamos a un niño procastinador antes de empezar la tarea de estudio, éste, primero ordenará sus cosas, luego estará un rato viendo como vuela una mosca, más tarde afilará el lápiz... De esta icónica imagen, el niño que afila su lápiz antes de ponerse a trabajar, ha visto la luz el síndrome del sacapuntas: encontrar mil tareas previas antes de empezar. ¿Con qué finalidad? Con la de aliviar la presión del comienzo de la tarea y también con la de postergar ese momento de esfuerzo requerido.

¿Por qué se produce el auto sabotaje?




El autosabotaje se produce en realidad por algo positivo. Es una conducta reguladora que pretende proteger del fracaso, de los propios miedos, de la contrariedad de no alcanzar el ansiado triunfo. Aun así, autosabotearse es en sí algo pernicioso, que puede llegar a crear situaciones de estrés, ansiedad, desgaste de la autoestima o bien, reafirmación en una baja autoestima, etc.

Detrás del autosabotaje, encontramos generalmente una falta clara de objetivos, el miedo al fracaso (o incluso al éxito), una falta de motivación, dificultades de concentración, agotamiento, etc.

Ese estudiar la víspera del examen, no siempre denota una falta de responsabilidad. Cuando un niño o alumno actúa a contrarreloj, puede que no nos quiera transmitir que trabaja bien mediante presión o que simplemente no tiene interés por lo que hace; puede que lo que realmente suceda sea esa inseguridad que de modo inconsciente se comunica con el adulto.

Así que, para concluir, no siempre es malo no alcanzar los logros y es apropiado que nuestra infancia sea realista sobre sus expectativas. Más, teniendo en cuenta los tiempos que vivimos. Pero tampoco podemos dejar de hacer frente a las ideas y creencias irracionales que muestran los más pequeños a diario. Un niño que se autosabotea, es alguien que necesita un guía en su camino.

Si no tienes confianza, siempre encontrarás una forma de no ganar. 

Carl Lewis.



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