PREJUICIOS EN EDUCACIÓN: SESGO EGOCÉNTRICO Y ENDOGRUPO




Somos seres de prejuicios. Para lo bueno y para lo malo, prejuzgamos a personas especialmente, pero también a grupos y situaciones generales. Prejuzgar nos ha sido concedido vía ADN. Detectar con gran facilidad en un tiempo récord una cara enemiga en la maleza, supondría hace miles de años, ni más ni menos que vivir otro día. Y desde entonces a la actualidad, prejuzgamos desde la retina hasta el exterior.


La historia del hombre (y de la mujer) ha sido esta. Prejuicios basados en estereotipos de género, prejuicios de raza, de religión, prejuicios por edades, por clases sociales, de ideologías políticas o espirituales,...  Una larga lista con un punto de encuentro común: el grupo social
Prejuzgamos tanto como riqueza de universos poseemos. Tenemos familias, trabajos, actividades y hobbies en los cuáles manifestamos un rol concreto. De este modo, nuestro motivo de pertenencia nos impulsa a participar de la vida de diversos grupos sociales. Pertenecer a estos grupos es igualmente adaptativo. Para sobrevivir como especie durante miles de años necesitamos mantenernos unidos, por tanto en la actualidad nos movemos por el que es uno de los motivos más básicos para nuestra especie, el de pertenencia al grupo. Pero claro, pertenecer a un grupo representa una vez más caer en el prejuicio, el prejuicio a los otros grupos.

No podemos dejar de pertenecer a nuestros grupos de referencia, pero para ello caemos en sesgos cognitivos de índole auto protectora. Socialmente tenemos metas comunes, objetivos que nos unen para un funcionamiento óptimo de nuestros recursos. Este es el caso de la educación, que necesita de varios grupos para su correcto funcionamiento. De este modo, tenemos al grupo de los alumnos y alumnas, el grupo del profesorado y el grupo de padres y madres. Sin uno de estos grupos, esa función social que representa la educación no sería posible o, en todo caso, no sería la correcta o más productiva. Si no hay colaboración entre grupos, no hay educación, pero todos sabemos que según en qué países esta colaboración no es estrecha y la explicación a fenómenos como este está en mi opinión, ligada al prejuicio una vez más.

Sesgo egocéntrico y el prejuicio en educación.

 
De todos es sabida la existencia de esa invisible pero cada vez más palpable barrera entre los elementos de la educación. A pesar de ser conocedores de la eficacia del sistema con la participación colaborativa de las partes, como expresaba con anterioridad, ésta generalmente brilla por su ausencia. Pero, ¿qué desencadena esta situación?

Cuando trabajamos en colaboración con otras personas, tendemos a creer que la responsabilidad ante triunfos y éxitos proviene o es atribuible en gran medida a nuestra participación. Sin embargo, cuando lo que cosechamos son fracasos, tendemos por el contrario, a atribuirlos a la acción de los demás. A este efecto psicológico, se le ha venido llamando sesgo egocéntrico, pues no atiende a la realidad sino al modo en que nosotros la vemos.

Por otro lado, en las relaciones entre grupos, por si no fuese poco esta tendencia atribucional, este sesgo egocéntrico que no es más que un prejuicio cognitivo; se acentúa por los sesgos intergrupales. Nuestro grupo de referencia, el endogrupo, siempre nos parece más valioso y mejor en comparación con el grupo con quien interactuamos, exogrupo. De este modo se vuelve a incurrir en nuevo sesgo cognitivo, el favoritismo endogrupal o sesgo de endogrupo

Por más claro que esto resulte, permíteme que te muestre unos ejemplos. Cuando un alumno, después de una mala racha por la causa que fuera mejora sus notas, su docente tiende a pensar que ha mejorado por su acción en el aula, mientras que sus padres creen que ha sido gracias al apoyo y ayuda que le han profesado. La identificación con los grupos es radical en la enseñanza si atendemos a generalidades (sí, ya sé que hay excepciones, pero esto está escrito para una mayoría). Por el contrario, si los resultados son negativos, probablemente el docente tienda a pensar que el alumno no ha trabajado lo suficiente o no ha estudiado para las pruebas de evaluación, ante lo cual los padres probablemente piensen que es el maestro el que no ha sabido transmitir sus conocimientos de una manera correcta o que simplemente no ha hecho bien su trabajo.

¿Y la realidad? Pues puede ser una, puede ser otra o incluso una visión a medio camino que se explique también desde el punto de vista del alumno. El caso es, que esa identificación grupal, que como explicaba con anterioridad se da como necesidad social básica, genera conflicto y rechazo. De este modo, se gesta el prejuicio, sigilosamente y sin pensar que todos somos partícipes en dar forma a la bola de nieve. 


¿Quién yo? Yo nunca, siempre estoy a favor del docente.

Yo jamás, para mí los padres son parte de la solución. 

Pero no nos engañemos, favorecemos nuestra visión de endogrupo con la creación de grupos de Whatsapp, con las puertas cerradas del colegio, con no mostrar la realidad en el aula a la comunidad educativa y sobre todo con las redes sociales que nunca empleamos para unir sino para separar. Si el grupo es de padres, siempre habrá críticas al profesorado y si es de docentes, siempre habrá críticas a los padres y madres de alumnos. Por más que la idea de unos y de otros sea contraria al estereotipo, la pertenencia al grupo hace que las opiniones se polaricen en contra de unos y de otros. Sí, somos así de simples.


Trabajar contra el prejuicio.


Hasta cierto punto, todo parece predeterminado, ¿verdad? Tenemos sesgos cognitivos mediante los que categorizamos a grupos sociales. 


En tu grupo: sois prepotentes y creéis que lo sabéis todo de educación en la era Internet; le cogéis manía a los alumnos; horario laboral de lujo, demasiadas vacaciones, vagos; falta de formación, vuestra carrera es de chiste; mira en Finlandia...; fracaso escolar, vuestra culpa;... 

En el tuyo: sobreprotectores; padres helicóptero, generación blanda; entrometidos, qué sabréis de educación; la facultad de magisterio está ahí; si tuvieseis 25 que atender a la vez...; querría yo veros en mi puesto, no durabais ni una hora;...

En resumen, además de la tendencia a atribuirnos éxitos y desechar fracasos que identificamos con el otro, además de considerar mejor a nuestro endogrupo y desde este observar con mirada prejuiciosa al exogrupo; la posición grupal de pertenencia a éste nos lleva a atribuciones prejuiciosas acerca de nuestras habilidades y acerca de las carencia de los otros. Pero es que sabiendo como sabemos que existen estereotipos de unos y de otros, no damos llegado a un puerto conciliador y este sería tan asequible como trabajar juntos. Juntos desde el respeto, lo primero; y lo segundo, desde la humildad. Ni hay tantos profesores mal formados y con pocas ganas de trabajar, ni tantos padres sobreprotectores que sólo ponen obstáculos en el proceso educativo. Ante este tipo de opiniones en extremos, polarizadas, que manifestamos como grupos que interactuamos entre nosotros; sólo cabe cuestionarnos nuestra capacidad de éxito y fracaso, viendo en el otro no un ser inferior, no alguien que pretende desacreditarme u ocupar mi puesto, sino alguien con el que colaborar para mejorar juntos. 


Quizás, la próxima vez que leas un artículo sesgado o una crítica en una red social, te apetezca romper una lanza hacia tu exogrupo, sea cual fuere. Quizás, la próxima vez que critiquen a tu endogrupo, tengas la honestidad de hacer crítica constructiva simplemente para mejorar. Quizás, la próxima vez que reflexiones sobre el papel de los diferentes elementos de la educación, pienses en el alumno, y trabajes para erradicar un prejuicio más, uno de tantos, que nos ha impuesto el ADN y nuestra cultura en sociedad.



“La facilidad con que una sociedad desprecia, y hasta sepulta, las visiones discrepantes depende evidentemente del conjunto de lagunas compartidas por sus ciudadanos. No nos damos cuenta de lo que nos desagrada ver y tampoco nos damos cuenta de que no nos damos cuenta.”

Daniel Goleman.

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